| Domingo XVII
La oración como Silencio, Palabra y Encuentro: Lc 11, 1-13
Jesús les dijo: si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. La oración es un universo trinitario estupendo y complejo objeto de estudio y combate, causa de inmensas alegrías y tristezas, respuestas y abandonos, consuelos y tentaciones. Sea vocal, meditativa o contemplativa se trata de una revelación, de un misterio que se nos muestra y se nos esconde. Debido al llamado de Dios a la existencia, y aunque nos encontremos en pecado, todas las religiones dan testimonio de que el ser humano busca dialogar con Dios. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su Rostro, corra detrás de ídolos o acuse a Dios de no escucharlo, el Dios Vivo, desde los abismos del Silencio, revelado por su Palabra hecha carne, llama sin descanso a cada persona al Encuentro del misterio de la oración, en el Espíritu Santo. CEC 2663-2679
El Padre es quien primero llama al hombre y esta iniciativa de la llamada del Dios fiel es lo primero en la oración; lo nuestro es sólo una respuesta. De ahí que la oración sea un misterio de Alianza con la Trinidad que me llama y yo que le respondo. Las fuentes de la oración no pueden ser otras que la Liturgia, la Palabra y el Servicio; Orar Leer Trabajar es oración continua. Y su único Camino es Cristo y su Iglesia que propone a sus fieles, según el contexto histórico, social y cultural, el lenguaje de su oración, palabras, melodías, gestos, iconografía. Corresponde al Magisterio discernir estos caminos de oración fieles a la Tradición de la fe apostólica, y compete a los pastores y catequistas explicar su sentido siempre en relación con el Único Cristo Orante.
Tendremos que buscar leyendo y encontraremos meditando; habrá que llamar orando y se nos abrirá contemplando. Guido el cartujano La oración es nuestra respiración vital, sin oración estamos muertos, ella nos mantiene en contacto con la Fuente de la Vida. Tenemos que orar al levantarnos y acostarnos, en la Misa, con la Biblia entre las manos, paseando por los bosques, trabajando para los hermanos, en el supermercado, con la Virgen los ángeles y los santos, estudiando, en el silencio profundo, en el cine o cocinando, escribiendo en la PC o ante el Santísimo. La oración es nuestra Energía sapiencial contenida en la Tradición y en la Biblia y actualizada sin cesar en la escuela de los grandes servidores de la oración que atraviesan los milenios, y en el hoy de los acontecimientos que nos tocan vivir a cada instante. La oración es uno de los secretos del Reino revelado a los pequeños, a los seguidores de Jesús, a los pobres que tienen, en su mente corazón y vísceras, la oración al Padre, la oración de Jesús y el ven Espíritu Santo, que se unen a la Oración de la Hora Pascual, Jn 17 al Padrenuestro y al Resucitado que está siempre vivo para orar por, con y en nosotros.
La oración no debe ni puede resolver todos nuestros problemas, pero nos permite afrontarlos con nueva luz prudencia y empuje. No tenemos que temer bendecir y adorar, pedir lo que necesitamos e interceder por los demás, dar gracias y alabar. Jesús escucha nuestras oraciones, el Evangelio está lleno de su vida orante y de cómo oye a los que claman a Él y los cura, libera, perdona y hasta los arrebata de la muerte. Y no temamos, sobre todo, cuando parece que no somos escuchados. En realidad siempre somos escuchados por el Amor Infinito de Dios quien, a causa de nuestra insistencia nos dará lo necesario; pero Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene antes de que se lo pidamos. Mt 6, 8 Debemos abandonarnos a sus proyectos que son muchos y mejores que los nuestros. Por eso por encima de todo se nos entrega Él mismo en la Persona del Espíritu Santo, para que el Espíritu ore en nosotros con gemidos inefables, incomprensibles para nosotros, pero no para Él, pues el Espíritu nos pone en sintonía con su voluntad, con sus proyectos salvíficos. Rom 8, 26-27
El Papa acaba de realizar una peregrinación muy significativa a Sulmona para celebrar los 800 años del nacimiento de Pietro di Morone, el único ermitaño y sacerdote que fue elegido papa como Celestino V a los 84 años en 1294. Santo pero inexperto abdicó cinco meses después. Su sucesor Bonifacio VIII, temeroso de que la enorme fama de santidad de Celestino le ocasionase problemas, lo hizo encarcelar. Lejos de deprimirse ante su fracaso y persecución Pietro exclamó: Señor, sólo deseaba una celda para orar, y una celda me has dado. Murió dos años después y canonizado en 1313. Desde adolescente fue un gran buscador de Dios, un hombre deseoso de encontrar respuestas a los grandes interrogantes de nuestra existencia, quién soy, de dónde vengo, por qué vivo y para quién vivo. Se puso en oración ante Dios, y, para escuchar su voz, decidió separarse del mundo y vivir en la soledad, llevando una vida de silencio exterior e interior.
Hoy vivimos en una sociedad en la que cada espacio, cada momento parece que tenga que llenarse de iniciativas, de actividades, de palabras, de ruidos. A menudo no hay tiempo siquiera para orar o dialogar. No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros, si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también la voz de las personas y cosas que están a nuestro lado. El Silencio del Padre es el origen de toda oración, de toda Palabra, de todo Encuentro entre Ellos, los hermanos y la naturaleza; para que sus ininvestigables proyectos se realicen en este mundo.
Borrador corregible JC. Leardi ocso |