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En el siglo VI San Benito redactó una Regla , que los monjes y monjas hemos tomado como una interpretación del Evangelio de Jesucristo. La vida cisterciense es fruto de un movimiento reformador del monaquismo benedictino, que comenzó en Cister (Francia) en el siglo XII –de allí el nombre de cistercienses- y en el que descolló entre sus primeros miembros San Bernardo, abad de Claraval.
El nombre de Trapense viene de la Abadía francesa "La Trapa", fuente de otra reforma en el siglo .XVII.
En el siglo XII, el siglo de San Bernardo, se ven surgir grupos de monjas que adoptan las costumbres de los monjes cistercienses. San Esteban Harding uno de los Tres Monjes Rebeldes- conocido por la famosa novela de P. Raymond- estableció el monasterio femenino de Tart como casa del Císter. En
la actualidad las monjas cistercienses estamos
en todo el mundo.
La vida monástica es una vida totalmente
consagrada a la búsqueda de Dios, que en la
tradición viva del monaquismo, se entiende como un combate espiritual
en orden a la liberación personal de uno mismo y
de la humanidad entera a través de sí.
El silencio se considera como uno de los valores
más peculiares
de la Orden y asegura a la monja la soledad en
comunidad, favorece el recuerdo de Dios y la
comunión fraterna, abre la mente a las
inspiraciones del Espíritu Santo, estimula la
atención del corazón y la oración solitaria.
 L a
vida monástica benedictina-cisterciense
es cenobita (comunitaria) No
somos ermitañas la vida fraterna en
comunión es parte sustantiva de nuestra
vocación.
El equilibrio entre las observancias básicas
liturgia, lectio, trabajo es algo propio del
carisma monástico en la Iglesia. Y otro tanto
podemos decir del equilibrio dinámico entre
silencio y palabra, soledad y comunión, trabajo
y oración, obediencia y responsabilidad.

Todos
los aspectos de la vida cisterciense están
unidos, orientándonos con fuerza y armonía hacia
la única meta :
la unión con Cristo, pues la gracia especifica de la vocación
cisterciense
sólo puede desarrollarse en la unión amorosa
de cada una con el Señor Jesús.
La vocación fundamental de la monja
-oyente de la Palabra de Dios como María se expresa en la Lectio
Divina, lectura orante que alimenta y conduce a la oración silenciosa, prepara el Oficio divino y permite profundizar la Palabra y guardarla durante el trabajo.
" "Contemplemos lo que es la belleza suprema,
luchemos vehementemente
contra todo lo que se opone a ello.
Que todas nuestras actividades,
el trabajo como el reposo,
la palabra como el silencio,
estén orientados a este fin"
Isaac
de la Estrella
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