CARISMA



La vida monástica benedictina-cisterciense es cenobita (comunitaria) no ermitañas; la vida fraterna en comunión, es parte importante de nuestra vocación.

El equilibrio entre las observancias básicas: liturgia, canto de las horas, trabajo, estudio… es algo propio del carisma monástico en la Iglesia, incluyendo además el  equilibrio dinámico entre silencio y palabra, soledad y comunión, trabajo y oración, obediencia y responsabilidad.

Todos los aspectos de la vida cisterciense están unidos, orientados con fuerza y armonía hacia la única meta: la unión con Cristo, porque la vocación cisterciense sólo puede desarrollarse en la unión amorosa de cada una con el Señor Jesús.